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miércoles, 2 de mayo de 2007

Recorrido por el centro




Hablar del centro es hablar de historia, es contar algo ya vivido por unos pero interesante para otros, es hablar de gente y de historia, es hablar de reliquias y de monumentos. Establecer allí donde los trazos de los artistas han hecho de forma a veces arbitraria lo que hoy conocemos como centro. Es pensar que el contraste entre edificaciones del siglo XVII y del siglo XX está presente, tenemos así desde la plaza de bolívar que ratificaría su poder político, eclesiástico y legislativo el 27 de abril de 1539 y los diseños del eje ambiental. Supóngase aquí señor lector que usted hace un breve avistamiento de lo que puede ser la calle de la fatiga y la importancia histórica que esta pudo tener en el acceso a la plaza (sitio de encuentro de la sociedad bogotana), y piense usted que bien no pudo importarle a la gente de los balcones mirar a aquellos que se dirigían a las chicherias cerca al chorro de Quevedo y luego como estos mismos cantaban y salían en grupos a sus respectivas casas.

La arquitectura es un objeto presente de la historia, la preservación de las casa, algunos negocios familiares de antaño y sobre todo la atmósfera del retroceso en el tiempo, le dan a este barrio y al recorrido un aire bastante agradable. Es diferente tomar un libro y ver fotografías, así mismo suponer que desde allí vas a conocer todo el centro. Habría que hacer un recorrido para entender la magnitud total del centro, sentir sus olores, sus colores sus visiones. Por esto los edificios altos rozan la modernidad pero así mismo rozan lo extraño, los grandes rascacielos se comparan con los balcones y las salientes al estilo de Andalucía y el arte que había de traer los musulmanes, “saludamos al dios todo poderoso para poder comunicarnos con el en las mañanas en la oración diaria”, así habría de describirlo una anciana de la época. Sus fachadas de colores resaltan a veces con lo alegórico al periodo del barroco, los colores fuertes e impactantes que no solo lo tienen las casas de la candelaria, también las proponen las casa de los laches o el barrio Girardot (allá donde las direcciones ya son orientales), y la forma de la virgen que no puede faltar. Los techos se hacían con bajantes para el agua, al ser una ciudad muy lluviosa y sobre todo al lado de los cerros, pues proponía que las lluvias llegasen primero allí y esto podría afectar las estructuras, y pues pagar a un restaurador o arquitecto era bastante caro. Una de las nuevas cuestiones que plantearía la arquitectura moderna respecto a su antecesora, seria la de los jardines y la ciudad, el espacio publico se articulo entonces entorno al verde de las plantas, entre mas natural muchísimo mejor, y es así como los jardines de los patios traseros se trajeron hacia fuera, la construcción de parques, y la demolición de los pasajes que servían de compras como un san andresito de ahora funcionaban hoy como sitios articulados no para el transito si no como la observación, y es hoy por hoy que la observación de la ciudad y la muestra de ella misma como una vitrina sirven a los ojos de los mas estéticos.

Lo plano y lo estético, hacia podría tomar como estas dos características eran funcionales al darle el nombre a las calles, antes funcionaban mas al estilo americano de la “street” o calle, pero el aumento desproporcionado de la ciudad hizo que las migraciones de los años 20 y 30 aumentaran la nomenclatura. Pero la migración no fue solo exógena, también había una endógena que casi nadie percibía. Las altas clases se ocupaban ya no como en épocas anteriores de estar “mas cerca de la plaza” el poder se descentralizado y ya se buscaba la calma de las afueras de la ciudad, es así como barrios como chapinero fueron funcionales durante mucho tiempo antes de que las configuraciones hablaran de un norte y de un sur. Supóngase entonces que el centro es un sitio de antaño y como tal el nombre de sus calles fuese mítico y de recuerdo. El arrastre imperturbable de las chicherias al olvido o de los mercados de quina que aun en el siglo 20 seguían funcionando no parecía desaparecer hasta la llamada modernización. Es en esta donde la secularización de las costumbres, lo perneado con las políticas internas y sobre todo los mojones que ya habían modificado los habitantes al construir ellos mismos nuevos caminos, pudieron ser la causa de una perdida paulatina de la memoria. Así es como nace la iniciativa de investigar algunas cuestiones relativas a la calle, y darle de esta forma un nombre representativo por cuestiones históricas a cada una. Proceso por talque fue arduo, si se toma en cuenta que acá ahora vale mucho mas el numero que la palabra o la charla con un extraño que pertenece no solo al habitus de la calle, si no a una tradición anterior y que ya no exige el tratamiento con el otro para hablar un buen rato.

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